Elvio Romero. Un relámpago herido (1963-1965)
Nuestro país
Nuestro país (el mío,
el que puedo ofrecerte), aquella
dulce tierra violenta, con la frente
segada y abolida por un aire quemado,
donde ochocientos ríos le dan curso a sus ojos
y cordilleras verdes le apoyan la andadura,
desgajo de protesta vegetal y verano,
mi país que se instruye sobre un nivel
de lluvias,
oh mi país hermoso,
despiadado y profundo,
fiel a si mismo, puro, solitario, implacable,
nos reserva un asiento
de hierbas y azahares, desenvuelve
-mi amor- sus recelosos,
sus imperiosos meses, su silencio,
por esto, por nosotros,
por asir esa luna de carbón desdichado
que se nos sube a veces por la noche a los ojos...
1 de Enero de 2011. La luz se cuela lentamente a través de los cristales de la ventana que da a la sala de estudio, desde donde escribo estas líneas. Hoy, hago mías las palabras de Elvio Romero, para referirme a este pequeño espacio en el mundo, nuestro espacio, Nuestro País. Escenario de mis principales sueños y esperanzas. Origen de lo que soy, de mis principios, ideales y limitaciones.
Paraguay, tantas veces golpeado, tantas veces olvidado, tantas veces utilizado, ahí sigue resistiendo, y sigue asistiendo cada año al inicio de un nuevo año con las mismas esperanzas de un futuro mejor con las que inició el año anterior.
Nuestro país, el que podemos ofrecer, es un país donde la esperanza sigue en pie, a pesar del pesimismo de unos pocos, del apego al pasado de otros cuantos y frente a todo pronóstico. Aquí estamos. De pie, todavía vivos. Aún creyendo que se puede construir la patria soñada. Esa patria que está empezando a nacer, imperceptiblemente, en las nuevas generaciones. No se nota, pero avanzamos. Paso a paso, lento pero seguro.
Hoy, renuevo mi esperanza en Paraguay. Vencerán, a la larga, nuestros sueños de un país mejor. Vencerán las ideas y será la solidaridad, la bondad, la hospitalidad, la tolerancia y la honestidad las banderas que representarán a nuestra cultura.
Atrás quedará el oscurantismo de los años sin libertad, de los años de corrupción, de los años de apatía, de sumisión a ese terrible mito de la rueda que nos llevaba una y otra vez a cometer los mismos errores. Atrás la impotencia ante la miseria y la desigualdad, la desazón y el desgano ante cada lucha perdida. Atrás quedarán los viejos miedos, las viejas cadenas a nuestra creatividad.
Mi deseo para el 2011 tiene que ver con esta tierra. Mi deseo es que sigamos creyendo y luchando por convertirlo en el Hogar que soñamos. Un país con menos pobreza, menos desigualdad, más seguridad, más oportunidades, más cultura, más alegría. Depende de cada uno de nosotros. De los que están aquí, y también de aquellos que lo extrañan desde la distancia. Mi deseo es que cada uno de nosotros seamos los primeros en cumplir lo que exigimos. Que dejemos de esperar por un cambio que se debe iniciar en nosotros. Mi deseo es que este año seamos mejores que en el 2010, y que así el 2011 refleje lo mejor de nosotros y se opaque todo lo peor.
En el 2011, Paraguay cumple 200 años de historia. Una historia cargada de lo mejor y lo peor del género humano. Festejemos este año del bicentenario rescatando lo mejor, y haciéndolo presente en cada uno de nuestros proyectos. Es el único centenario que nos toca. En el próximo solo estará presente nuestro legado, y serán nuestros hijos los jueces del mismo.
Próspero 2011 para todos!
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